domingo, 31 de enero de 2016

lunes, 11 de enero de 2016

jugando

https://youtu.be/WqM2wiUQC_c

cuento veracruz


FANTASMAS





El día que Casiopea cayó inconsciente, las luciérnagas la ayudaron a despertar. Era una noche de fina lluvia y cielo negro, plomizo, sin estrellas ni luna . En la carretera no se veía más que la luz proyectada por los focos de la combi. No se oía nada más que los cantos alegres de los pasajeros, seis amigos que regresaban de Jalcomulco, de recorrer sus bosques y cascadas. Como de costumbre, en linea recta Casiopea rodaba más rápido y en las subidas con mucho sacrificio. La carretera variaba entre rectas y curvas que hacía que el vehículo-tortuga fuera muy concentrado en el trayecto.

De pronto Casiopea cerró los ojos, todo quedó en negro, pero los volvió a abrir, aminoró la velocidad para no cometer ninguna imprudencia. Quizás fue la lluvia que la arrulló mientras la refrescaba. No podía volver a quedarse dormida de esa manera. El agua mojaba su parabrisas y los abanicos de goma hacían su trabajo para escurrirla y dejar bien limpia la visión de la tortuga. La conductora iba preocupada, la falla de luces era la segunda señal que daba el vehículo, la primera había sido que al encender el swich sonaba el claxon y la tercera señal fue que se detuvieron por completo los limpia parabrisas, complicando la visibilidad del camino. Era una curva cerrada y peligrosa, los tripulantes procuraron empujar la combi hasta dejarla en un costado de la carretera, y procedieron a tomar las linternas para anunciar que allí estaban detenidos.

La solución más eficaz y económica, considerando la ausencia de mecánicos a esa hora y el precio posible de una grúa, era quedarse a dormir en la carretera. El primer carro que pasó dio informes que descartaron aquella idea de descanso paciente: en ese mismo sitio ya se habían descubierto varios accidentes extraños relacionados con el tráfico de sustancias ilegales. De inmediato un tripulante de la combi se subió al taxí y fue de camino a un mecánico conocido en la zona inhabitada, con cierta fe ciega de que estuviera dispuesto a sanar a Casiopea. A los pocos minutos regresó con aquel señor misterioso y de pocas palabras, que escogiendo con seguridad sus herramientas reparó de inmediato el problema inusitado. Entre los nervios y la celebración de aquella bendita solución , los amigos se distrajeron y cuando voltearon para ver al mecánico, éste ya iba caminando veinte pasos delante, rodeado de un halo de luciérnagas y allí en la curva se desdibujó por completo.

cuentos guate




SINÓNIMOS



Para Roman,

Panajachel, enero 2016





Román tenía diez años cuando se murió la primera vez. Su amigo Jorge lo obligó; tenía que presionar sus dedos durante un tiempo en dos puntos específicos sobre la yugular y esperar. El niño se quedó tumbado hasta que las patadas de su amigo lo introdujeron nuevamente a la realidad. A partir de aquel día supo que podía morirse cuando quisiera. Salía de su cuerpo y se veía desde afuera, recorría todo lo que quería y regresaba tranquilo. El truco era dormirse y pensar que llevaba los brazos extendidos hacia adelante, los puños cerrados, en posición de volar como ahora vuelan los súper héroes. Al crecer no tardó en decidirse por ser un aviador. Sobrevolaba la tierra,le gustaba verla deslizarse lenta a sus pies, le gustaban los humanos alejados y pequeños como hormigas, le gustaba, también, estar más cerca de los pájaros. Morirse y volar eran para él dos sinónimos que lo tildaban de loco. Pero ¿ cómo podían no ser sinónimos?. Román exigía que la posición dentro de un ataúd no debía ser con los brazos cruzados sobre el pecho, sino extendidos hacia adelante, los puños cerrados, en posición de volar como ahora vuelan los súper héroes.







































ARRIBA EL NORTE



Si el mundo está, como ahora está, patas arriba,

¿no habría que darlo vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies? “

Eduardo Galeano





¿Qué tan difícil puedes ser comprender que los puntos cardinales se encuentran de manera horizontal?

Aunque usted no lo crea, puede llegar a ser muy complicado, tan complicado que por esta razón me encuentro escribiendo esto ahora, para calmar mis ansias de devorar vivos a aquellos porfiados que no lo comprenden.

Me considero una persona calma y tolerante, aunque mis amigos cercanos no lo puedan comprobar. Sin embargo hoy me hallé nuevamente hablando con este hombre que no quiere entender lo obvio. Para mi mayor sorpresa, se le sumaron otros cómplices, que de igual manera contradecían todas mis teorías de desorientación del norte.

  • Si el sol sale por el este y se pone por el oeste, eso quiere decir que en la línea perpendicular que une estos dos puntos, se encuentran el norte de un lado y el sur del lado opuesto- afirmaba yo con seguridad mientras indicaba correctamente con mi índice, el lugar donde amanecía. - Esto explica el por qué el norte no está arriba ni el sur abajo.

De esta manera trataba yo de demostrarles la tontería de aquella manía anglosajona y centralista de poner a los planisferios colgados sobre una pared y con el norte hacia arriba.

  • Si el norte estuviera arriba, las estrellas estarían en el norte- argumentaba yo perdiendo la compostura -pero, para leer cualquier planisferio correctamente, se debe colocar sobre una mesa, de manera horizontal!!



La gente se comenzaba a reunir a nuestro alrededor participando abiertamente de esta discusión con la cual yo llevaba las de perder. Quien sabe si el alcohol o la ignorancia hacían que nadie me pudiera comprender. Para ellos el norte estaba arriba mientras que para mi se encontraba horizontal. En aquel entonces yo viajaba por el mundo, dirigiéndome al sur desde México y se me hacía fácil y curioso provocar a la gente diciéndole que “iba para arriba”. A partir de aquella noche me prometí que sería la última vez que me permitiría bromear con los puntos cardinales. Juan se llamaba el necio que convenció a todos de que la loca era yo, de que el norte se halla arriba. Cuando ya hubo como unas diez personas dentro de la discusión (ninguna de ellas a mi favor) y yo ya estaba roja de rabia, invocando a Joaquín Torres García y gritando desquiciada, sucedió lo que jamás hubiese imaginado, entendí todo: la necia, siempre había sido yo.

Guatemala




    Casiopea sabía que todo aquel cablerío a un lado de la carretera había sido puesto para enredar la inocencia de los niños campesinos, que volaba aferrada sobre los barriletes.

Se preguntaba si en todas partes del mundo habrían tennis colgando del tendero eléctrico.

  • No creo que la geografía se haya inventado para reprimirnos dentro de una sola patria.

En las carreteras de Guatemala las praderas están vestidas, porque la gente deja secar su ropa al sol sobre la grama.

  • Las mujeres y los campos están hechos con pedazos de acoíris.

Cada detalle en su vestimenta ha sido consciente, desde la combinación de los colores en el listón de sus trenzas hasta la cinta bordada con que rodean su rostro, la faja con la que amarran la falda y el huipil, todo ellas lo han convinado naturalmente, sin que la estética internacional ni los diseñadores de París intervinieran en sus intereses de embellecer el paisaje con sus sola presencia.



En Guatemala las mañanas son sonoras, los pájaros cantan y entre los callejones de Panajachel, las mujeres echan tortilla, se escuchan retumbar sus aplausos, taca taca taca taca taca taca.

Aquí cada momento del día lleva su sonido y su aroma. La noche la usurpa una flor que con su fragancia envuelve todo el lugar en una nebulosa de aromas.




viernes, 1 de enero de 2016

la historia de nuestra combi


C A S I O P E A

AVENTURA SOBRE RUEDAS”



Casiopea nunca fue una tortuga normal. Vivía con su familia en un estanque muy pequeño y siempre andaba cambiando las cosas de lugar y vistiendo a sus hermanos con diferentes atuendos para hacer de cuenta que viajaba por distintos lugares. Su mamá le había contado la historia de Manuelita, de María Elena Walsh, una tortuguita que se fue hasta Peguajó a buscar a su tortugo. También le contó la historia de “El hombre y la tortuga gigante”, de Horacio Quiroga, donde una tortuga salva a un ser humano. Además su mamá le había puesto su nombre en honor a la tortuga de "Momo", un cuento de Michael Ende, donde Casiopea ayuda a Momo a salvar a los hombres buenos y humildes de los hombres grises, que querían robarse el tiempo de esta gente. Por todo lo que le habían contado, ella tenía ganas de vivir hazañas de esta índole. Pero el estanque ya le quedaba chico y se le habían agotado las ideas para viajar en círculos, entonces decidió partir y dar la vuelta al mundo.

Su papá le mandó bordar una mochila que decía "recorriendo el mundo", su mamá le preparó unos cuantos sándwiches y un día que todo estaba listo se armó de valor y partió.

Un hada mandarina que por allí pasaba, al verla tan pequeña e indefensa, recordó aquel conjuro que usó con cenicienta en el cual transformó una calabaza en carruaje, entonces apuntó con su varita mágica a la tortuga y Casiopea se convirtió de inmediato en una camioneta Volkswagen. El hada mandarina apuntó con su vara a los dos pajaritos que observaban en unos cables y los convirtió en dos choferas humanas. El hada mandarina se fue satisfecha silbando alegremente y se evaporó en el aire. Casiopea no tuvo tiempo de darle las gracias y comenzó a viajar. Iba a ser difícil como tortuga (en un mundo dominado por humanos, carros , fábricas y carreteras) el dar la vuelta al mundo, pero convertida en combi todo seria mucho mas fácil. El hada mandarina no tenía mucha experiencia de magia con tortugas y se le olvidó quitarle la velocidad lenta en el conjuro, así que Casiopea siguió al mismo ritmo que la caracterizaba como tortuga. Ella recordaba todos los cuentos que su mamá le leía, había uno para cada ocasión, el que más le gustaba era la fábula de la liebre y la tortuga donde una tortuga le gana una carrera a la liebre. Así es como Casiopea aprendió que dar la vuelta al mundo no era una cuestión de velocidad sino de felicidad.



Los pájaros y las lagartijas jugaban a atravesarse en su camino.

En ocasiones se detenía a ver todo tipo de aves y mariposas de colores.



Se entristecía por los insectos que morían en su parabrisas.

Habían veces en que le gustaba tanto un lugar que ya no se quería ir.

Podía pasar muchos días sin bañarse hasta que la obligaban.

Habían lugares muy fríos donde se enfermaba y tenía que ir al doctor

Había otros donde hacía tanto calor que no se quería mover..

Viajando por el mundo vio todo tipo de animales: tortugas marinas, monos, toros, águilas, loros y policías.

Le atemorizaban los militares que apuntaban con sus ametralladoras.

A veces las vacas y los borregos que soñaban viajar como ella, le preguntaban como había hecho para convertirse en Combi



En las bajadas se dejaba llevar por el viento.

Habían caminos en que el viento era tan fuerte que ella se quería convertir en cometa.



De pronto le aterrorizaban las alturas.

A veces las subidas eran tan empinadas que había que ayudarla.

Otras veces disfrutaba sentir que iba entre nubes.

Algunas noches paraba a dormir en medio de la carretera para ver las estrellas en el firmamento.

Casiopea no comprendía cómo era que no condenaban a los vándalos cristianos que se dedicaban a rayar salmos bíblicos sobre las piedras de las montañas.

Cansada podía dormir varios días sin parar.

Los adultos amargados le gruñían al pasar a su lado.

Las viejas montañas para entretenerse le lanzaban piedras.

A veces encontraba compañía como ella o trepaba en su caparazón a amigos que HACÍAN música.

Iban cantando y silbando canciones o inventando versos.





Pasaba el tiempo y sus papás le preguntaban en las cartas: ¿a dónde vas Casiopea? ¿Cuándo vuelves? Nerviosa, mientras pensaba como responder aquella interrogación tan complicada y recurrente, tomó un globo terráqueo para especular dónde estaría pero torpemente se le cayó de sus manos y le fue rodando por el suelo. Al verlo rodar y rodar se le ocurrió una idea. ¿Que tal si en lugar de dar la vuelta al mundo, daba vuelta el mundo?. Entonces marcó su rumbo: -el sur- e inmediatamente dio vuelta el mundo, colocó el norte hacia abajo y el sur hacia arriba. Y sin desanimarse respondió la carta a sus papás y continuó su viaje subiendo sin prisa hacia el Sur.